
En el cuarto escalón de las necesidades jerarquizadas por Maslow, conseguimos un factor de índole social tan importante como la alimentación, ya que los seres humanos, al ser seres sociales, necesitan del reconocimiento para poder desenvolverse. Es mentira aquella frase que dice “yo no necesito a nadie para lograr mis fines”, y es mentira porque no somos autosuficientes, siempre habrá algo que necesitemos de otros, ya sea una ayuda directa o una influencia indirecta, nuestra relación con el prójimo es primordial para determinar el rumbo que toman nuestras vidas.
El reconocimiento no proviene únicamente de nuestra familia y amigos cercanos, no podemos considerar que estas sean las únicas personas que nos importan, porque este factor deriva de una cuestión aún más grande. Nace del colectivo, la sociedad, la humanidad entera que funciona como una unidad, una gran masa de individuos que se entrerelacionan y necesitan para poder alcanzar el logro de sus fines. Todos los días estamos siendo afectados por la existencia de todas las personas. Cada persona, desde la más inválida hasta los que han muerto, influye en nuestra existencia de manera directa o indirecta y eso puede determinar un cambio en nuestro “destino”. No por nada dicen que “La historia de un hombre es la historia de todos los hombres”, hablando de hombres en un contexto genérico, en el cual englobo también a las mujeres.
Podemos tener todo el dinero del mundo, la mejor de las autoestimas, la mejor salud e incluso el ADN más avanzado de todos, si queremos llegar a los extremos, pero sin convivir en sociedad, sin una relación de aceptación o rechazo, no podremos hacer nada, pues tenerlo todo sin poderlo usar es como no tenerlo. El hombre no está hecho para vivir aislado y podemos evidenciarlo cuando entendemos que nuestra conducta se construye desde nuestra infancia, mientras repetimos, ensayamos y amoldamos los distintos patrones conductuales que nos rodean, los cual constituirá lo que será nuestra personalidad. Además la reproducción de la especie, naturalmente hablando, necesita de dos progenitores de sexos diferentes y muchas actividades de beneficios psico-emocionales como el juego, las conversaciones, la demostración de afecto y las competencias de espíritu deportivo, necesitan de dos o más participantes.
No obstante, este sentido de asociación o relación, es más inconsciente que consciente, las personas ignoramos la verdadera razón por la que nos unimos a alguien, emocionalmente o en una relación de intereses económicos, religiosos, sexuales, entre otros. Pocas veces nos detenemos a pensar por qué buscamos a quienes buscamos y por qué aceptamos a quienes dejamos entrar en nuestro círculo social. A la final nos viene a la mente aquella frase célebre que reza “dime con quién te juntas y te diré quien eres”.
Las relaciones humanas son complejas, tanto así que podemos conseguir que quienes nos rodean resultan tener patrones conductuales parecidos a los nuestros (como que un grupo de amigos compartan intereses sexuales, deportivos, musicales, profesionales y demás.). También encontramos otra peculiaridad como que quienes nos rodean resulten ser una proyección de nuestras frustraciones o idealizaciones (como rodearse de personas adineradas no teniendo la misma posición socio-económico). Incluso podemos compartir alguna clase de humor, algún hábito o una creencia. Es por esto que el ser humano, inconscientemente siempre estará en busca de atención, de alguien que mire hacia nosotros y nos acepte dentro de su realidad. Sin embargo, lastimosamente la gran mayoría de nosotros se enfoca en esa pequeña porción de la población que constituyen nuestros conocidos y el resto de las personas pueden existir sin que nos importen.
Si nos dijeran de pronto que toda la comida del mundo es gratis y que podemos tomarla como queramos. Si algún día despertamos y nos dicen que podemos tomar todo lo que queramos del centro comercial, lo primero que haremos será pensar en nosotros mismos y nuestras ambiciones, luego pensaremos en el beneficio o los intereses de nuestras personas más cercanas y si se da el caso de que tengas que tomar algún objeto que otro también quiere tomar, pelearemos por ello hasta ganar o perder. No importa si ya has tomado tres cosas del mismo tipo por el que se pelean, lo que importa es satisfacer nuestro egoísmo inconciente, muchas de las veces por ignorancia de las consecuencias de nuestros actos.
En tiempos de confusión, guerras, divisiones políticas, escasez de recursos naturales y pluralidad de cultura, lo que más necesitamos en integración social, es que nos interesemos por el bienestar del prójimo, pues la satisfacción colectiva equitativa, además de traer consigo un sentido de justicia e igualdad, nos brinda conformidad y acuerdo, orden y objetividad. En tiempos como el actual, donde el enfrentamiento, el desacuerdo, los disgustos y las injusticias son el pan de cada día, lo que se requiere es la unión de las personas, una sociedad que piense como un solo cerebro, que resguarde sus intereses y luche por la garantía de un mejor mañana.
Cuando en una empresa a los trabajadores se les paga lo que se han ganado justamente, cuando se satisfacen las necesidades emocionales, motivacionales, económicas, fisiológicas y se les brinda un sentido de seguridad laboral, entonces todo marcha bien y lo más posible es que sea una empresa exitosa y estable. Está demás decir que siempre habrá alguien que rompa ese equilibrio buscando alimentar sus ambiciones sin pensar en los demás y en las consecuencias que sus actos acarrean, pero no por ello debemos dejarnos llevar por la apatía, el silencio y la confrontación. Al contrario, es entonces cuando debemos unirnos más y trabajar por una convivencia lo más sana posible, donde las diferencias no sean un factor de rechazo, sino de conversación, acuerdo y concilio. Después de todo somos seres humanos imperfectos, debido a nuestra ignorancia y nuestras emociones y ya tan sólo por eso nos merecemos la oportunidad de redimirnos y vivir armoniosamente, desenvolviéndonos sin represalias, sin inhibirnos por el qué dirán y sin transgredir los derechos de otros, porque, si luchamos por lo que es debido nadie, o al menos casi nadie, sentirá la necesidad de agredir.
“Eso que es debido” por lo cual lucharemos es por el reconocimiento de las personas, sin importar nuestras diferencias, errores o defectos. Sólo en el perdón se halla la paz personal y en el amor se halla el acuerdo. En la inteligencia, la verdadera inteligencia, está clara la idea de que no podemos ser seres humanos en sociedad si nos atacamos a nosotros mismos sin fines justificados; seríamos más bien una horda de errantes y anarquistas que ni siquiera pueden compararse con los animales. Si en realidad nos queremos considerar seres pensantes, civilizados y evolucionados, tenemos que actual como tales.
El reconocimiento no proviene únicamente de nuestra familia y amigos cercanos, no podemos considerar que estas sean las únicas personas que nos importan, porque este factor deriva de una cuestión aún más grande. Nace del colectivo, la sociedad, la humanidad entera que funciona como una unidad, una gran masa de individuos que se entrerelacionan y necesitan para poder alcanzar el logro de sus fines. Todos los días estamos siendo afectados por la existencia de todas las personas. Cada persona, desde la más inválida hasta los que han muerto, influye en nuestra existencia de manera directa o indirecta y eso puede determinar un cambio en nuestro “destino”. No por nada dicen que “La historia de un hombre es la historia de todos los hombres”, hablando de hombres en un contexto genérico, en el cual englobo también a las mujeres.
Podemos tener todo el dinero del mundo, la mejor de las autoestimas, la mejor salud e incluso el ADN más avanzado de todos, si queremos llegar a los extremos, pero sin convivir en sociedad, sin una relación de aceptación o rechazo, no podremos hacer nada, pues tenerlo todo sin poderlo usar es como no tenerlo. El hombre no está hecho para vivir aislado y podemos evidenciarlo cuando entendemos que nuestra conducta se construye desde nuestra infancia, mientras repetimos, ensayamos y amoldamos los distintos patrones conductuales que nos rodean, los cual constituirá lo que será nuestra personalidad. Además la reproducción de la especie, naturalmente hablando, necesita de dos progenitores de sexos diferentes y muchas actividades de beneficios psico-emocionales como el juego, las conversaciones, la demostración de afecto y las competencias de espíritu deportivo, necesitan de dos o más participantes.
No obstante, este sentido de asociación o relación, es más inconsciente que consciente, las personas ignoramos la verdadera razón por la que nos unimos a alguien, emocionalmente o en una relación de intereses económicos, religiosos, sexuales, entre otros. Pocas veces nos detenemos a pensar por qué buscamos a quienes buscamos y por qué aceptamos a quienes dejamos entrar en nuestro círculo social. A la final nos viene a la mente aquella frase célebre que reza “dime con quién te juntas y te diré quien eres”.
Las relaciones humanas son complejas, tanto así que podemos conseguir que quienes nos rodean resultan tener patrones conductuales parecidos a los nuestros (como que un grupo de amigos compartan intereses sexuales, deportivos, musicales, profesionales y demás.). También encontramos otra peculiaridad como que quienes nos rodean resulten ser una proyección de nuestras frustraciones o idealizaciones (como rodearse de personas adineradas no teniendo la misma posición socio-económico). Incluso podemos compartir alguna clase de humor, algún hábito o una creencia. Es por esto que el ser humano, inconscientemente siempre estará en busca de atención, de alguien que mire hacia nosotros y nos acepte dentro de su realidad. Sin embargo, lastimosamente la gran mayoría de nosotros se enfoca en esa pequeña porción de la población que constituyen nuestros conocidos y el resto de las personas pueden existir sin que nos importen.
Si nos dijeran de pronto que toda la comida del mundo es gratis y que podemos tomarla como queramos. Si algún día despertamos y nos dicen que podemos tomar todo lo que queramos del centro comercial, lo primero que haremos será pensar en nosotros mismos y nuestras ambiciones, luego pensaremos en el beneficio o los intereses de nuestras personas más cercanas y si se da el caso de que tengas que tomar algún objeto que otro también quiere tomar, pelearemos por ello hasta ganar o perder. No importa si ya has tomado tres cosas del mismo tipo por el que se pelean, lo que importa es satisfacer nuestro egoísmo inconciente, muchas de las veces por ignorancia de las consecuencias de nuestros actos.
En tiempos de confusión, guerras, divisiones políticas, escasez de recursos naturales y pluralidad de cultura, lo que más necesitamos en integración social, es que nos interesemos por el bienestar del prójimo, pues la satisfacción colectiva equitativa, además de traer consigo un sentido de justicia e igualdad, nos brinda conformidad y acuerdo, orden y objetividad. En tiempos como el actual, donde el enfrentamiento, el desacuerdo, los disgustos y las injusticias son el pan de cada día, lo que se requiere es la unión de las personas, una sociedad que piense como un solo cerebro, que resguarde sus intereses y luche por la garantía de un mejor mañana.
Cuando en una empresa a los trabajadores se les paga lo que se han ganado justamente, cuando se satisfacen las necesidades emocionales, motivacionales, económicas, fisiológicas y se les brinda un sentido de seguridad laboral, entonces todo marcha bien y lo más posible es que sea una empresa exitosa y estable. Está demás decir que siempre habrá alguien que rompa ese equilibrio buscando alimentar sus ambiciones sin pensar en los demás y en las consecuencias que sus actos acarrean, pero no por ello debemos dejarnos llevar por la apatía, el silencio y la confrontación. Al contrario, es entonces cuando debemos unirnos más y trabajar por una convivencia lo más sana posible, donde las diferencias no sean un factor de rechazo, sino de conversación, acuerdo y concilio. Después de todo somos seres humanos imperfectos, debido a nuestra ignorancia y nuestras emociones y ya tan sólo por eso nos merecemos la oportunidad de redimirnos y vivir armoniosamente, desenvolviéndonos sin represalias, sin inhibirnos por el qué dirán y sin transgredir los derechos de otros, porque, si luchamos por lo que es debido nadie, o al menos casi nadie, sentirá la necesidad de agredir.
“Eso que es debido” por lo cual lucharemos es por el reconocimiento de las personas, sin importar nuestras diferencias, errores o defectos. Sólo en el perdón se halla la paz personal y en el amor se halla el acuerdo. En la inteligencia, la verdadera inteligencia, está clara la idea de que no podemos ser seres humanos en sociedad si nos atacamos a nosotros mismos sin fines justificados; seríamos más bien una horda de errantes y anarquistas que ni siquiera pueden compararse con los animales. Si en realidad nos queremos considerar seres pensantes, civilizados y evolucionados, tenemos que actual como tales.










