jueves 29 de diciembre de 2011

Destino o Libertad




La raza humana se ha valido de dos “excusas” para lavarse las manos y victimizarse, para eludir la madurez física y mental y para justificar nuestra idiotez. La primera de ellas es la responsable de “las cosas buenas que nos pasan” y la segunda es la culpable de “las cosas malas que vivimos”. Sin embargo aún con el deseo de que “algo superior” controle lo que nosotros “no podemos controlar”, nos inventamos algo llamado “libre albedrío”, sinónimo de “libertad”, quizá como resultado del deseo de “controlar más”. Es así como nuestro camino, en el horizonte, se bifurca y nos obliga a enfrentar un dilema: “Destino o Libertad”

Decimos que “La divinidad” todo lo sabe, todo lo puede y está en todos lados, que tiene un plan perfecto para el mundo y que nada se le escapa de las manos. Control. Y al mismo tiempo jugamos con que nos ha brindado libre albedrío.

Pero si nada se le escapa de las manos ¿Para qué tenemos libertades? ¿O es que la divinidad nos deja “sueltos por un rato” e interviene cuando es necesario?

Aún así, sigue siendo contradictorio.

Por otro lado está el antagonista de las flores, los arcoíris y los matrimonios eclesiásticos. ¿Quién ha dicho que la ignorancia humana necesita de empujones supernaturales para hacer daño? En este mundo son demasiadas cosas las que desconocemos.

Deberíamos agradecer hasta el cansancio que podemos comprender unas cuantas, pero por sobre todas las cosas procurar ser humildes con nuestras creencias. Porque no todo es “conocimiento pleno”, también pueden ser “creencias”.

No obstante en otras culturas hay muchos más responsables, como el responsable de la cosecha y la pesca, o el de la lluvia o el de los mares. Gracias a Dios el agua es una masa constituida por moléculas de H2O, que a su vez se forman por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.

Debemos ser más íntegros con nuestras opiniones. O tenemos libertad o somos títeres, pero una de dos. Si me lo preguntan, yo prefiero ser libre, aunque eso me cause más remordimiento.

Lo que sucede es que nos asusta el libre albedrío porque podemos “no creer” en la divinidad y necesitamos que algo nos brinde esperanzas, necesitamos creer en algo “común” para ser objetos de aceptación social. Nos aterra ser dueños de nuestra existencia porque de alguna forma tácita sabemos que la tan codiciada libertad está siempre condicionada a las consecuencias del uso que le demos.

Lo que sucede con el mundo humano es que los miedos nos gobiernan.

Así mismo, la incomprensión de algo nos causa frustración y preferimos justificar lo desconocido con cualquier cosa, así sea mentira, que admitir que “no sabemos”. Necesitamos “chivos expiatorios” para sentirnos en control y es triste que de esa forma manipulemos a la divinidad, sea cual sea en la que creamos.

Nos traen a este mundo, como arrastrados a la fuerza, a sobrevivir, adaptarnos, luchar, y asociamos el esfuerzo al sufrimiento, pero es momento de darnos cuenta de que también logramos estímulos, alegrías, recuerdos. Hay muchas cosas hermosas por las que vale la pena vivir. Existir es demasiado interesante “como para pelarme ese bonche” (expresión venezolana).

Sucede que nos aterra pensar que estamos separados del control, de lo “bueno”, del placer (teoría de la separatidad, algo en lo que profundizaremos luego). Nos molesta sentir hambre, por lo que corremos a comer para sentirnos mejor. Nos molesta sentir dolor, por lo que procuramos cuidarnos. Nos molesta sentirnos tristes, por lo que desesperadamente haremos lo que sea por estar felices. Es así, es natural y es normal que busquemos mecanismos de satisfacción de nuestras pretensiones o necesidades. El problema es cuando nos engañamos.

No se culpen por el egoísmo y los miedos que nos han inculcado. Háganse responsables de salir de ellos. Asuman, de una vez por todas, su libertad, con toda la carga que venga, con todo el miedo con que se mire, con todo el tamaño que tenga. Abracen el vértigo como al niño que llora por rasparse la rodilla jugando. Sientan compasión por la debilidad humana y al mismo tiempo admiren la belleza sutil de tal inocencia. Comprendan que tienen derecho a sentir miedo y que lo necesitan, pues es otra herramienta de supervivencia, pero no dejen que el miedo sea quien gobierne sus vidas. Sólo sirve para protegernos, no para doblegarnos.

El destino es una ilusión, una excusa, una forma barata de lavarse las manos y enjabonarse la responsabilidad como si fuera barro en las uñas. El destino es otro chivo expiatorio más.

Eso a lo que llamamos “destino”, realmente es un conjunto de consecuencias de las cuales somos la causa, somos quienes forjamos el “equilibrio universal” constantemente con cada cambio introducido, con cada acción u omisión, con cada palaba o silencio que permitamos.

De hecho, el equilibrio universal no existe, porque algo que está en constante modificación difícilmente puede definirse como equilibrado, pero si es armónico. El equilibrio y la estabilidad son sólo otro reflejo de que deseamos controlarlo todo, pero es tonto pretender eso. No debemos controlarlo todo, debemos fluir con el todo. Ser parte del todo.

Ser libres es comprender que somos todo, que nuestra pequeñísima existencia afecta al vasto universo y que por eso tenemos una responsabilidad enormemente mortificante y enormemente gratificante. También es vivir sin el yugo del miedo, porque entendemos la separación necesaria para existir y al mismo tiempo sabemos que todo está unido aunque físicamente no parezca así. Libertad es superar el egoísmo y vivir a plenitud.