Hoy,
lunes de noviembre del año dos mil once, me sentía ahogado, amargado,
incapacitado para hacer las cosas bien, me dejé asfixiar por frustraciones
tontas y pasé el día con cara de pocos amigos y predispociones absurdas, sin
embargo, desde ayer venía pensando en la posibilidad de dar charlas de
crecimiento humano, motivado por algunos planes universitarios. Sostuve una
conversación conmigo mismo, apoyado en la almohada, imaginándome cómo sería
convertirme en conferencista y de pronto me invadió el miedo a la mediocridad. Me
critiqué preguntándome: ¿Cómo es que darás charlas de crecimiento personal si
tu propia vida parece un desastre? ¿Qué te da el derecho o el mérito para
hacerlo? ¿Cuánta credibilidad tendrás?
Ya
se podrán imaginar la diatriba que sostuve en mi monólogo nocturno, no pude
sino desistir de la idea, pero el hecho de ser escuchado por un público
numeroso me causaba tanta emoción que me costaba despegarme de la idea. Fue así
como resolví por lo siguiente: “si nunca te das la oportunidad de ser y
compartir tus ideas, dudo mucho que des el ejemplo, después de todo nadie es
perfecto en esta sociedad que no se ha dado la tarea de sanar. Lo que importa
es que compartas tus ideas, quizá y alguien le saca más provecho que tú…”
Así
fue mi consuelo, quizá una excusa, quizá cierto, pero ese fue. A esa idea me
sigo aferrando todavía, porque ahora tengo la libertad (que me di a mi mismo)
de experimentar “ser” y darme también el chance de ir aprendiendo en el camino,
ir mejorando, ir haciendo lo que me gusta para sentirme mejor, para ser feliz y
en esa felicidad ir dando el ejemplo.
Es
entonces cuando la mano de Dios vino a mí a través de un recuerdo vago, el
deseo de conseguir la reflexión de cierto filósofo asiático que no recuerdo
aún. Me dispuse a escribir algunas palabras en Google de la idea que se volvió
un pensamiento famoso (“Libertad es poder cuestionarlo todo”) y me topé, “por
casualidad” (causalidad) con un vídeo de alguien a quien no conocía. El vídeo
era viejo, pero la página web y el título de la publicación me atraparon desde
un principio. “tengo que ver esto, quizá sea interesante”. ¡Y SUAS! Dios hizo
de las suyas una vez más…

Jiddu Krishnamurti, fue un conocido escritor y orador en materia filosófica y espiritual. Sus principales temas incluían la revolución psicológica, el propósito de la meditación, las relaciones humanas, la naturaleza de la mente y cómo llevar a cabo un cambio positivo en la sociedad global. Y en esta oportunidad lo conoceremos cuando estuvo en sus últimos años de vida, con una reflexión tan hermosa y profunda que sentí la necesidad de compartirlo con todos ustedes.
Y por si preguntan qué haré: ME VOY A DAR LA OPORTUNIDAD DE DAR AUNQUE SEA UNA SOLA CHARLA DE CRECIMIENTO
HUMANO, PARA COMPARTIR MIS IDEAS Y VER SI LA GENTE LE SACA PROVECHO. Con el
tiempo llegaré a madurar aún más y seré apto para dar el ejemplo.
Espero les haya gustado el vídeo y que cada día vayan aprendiendo a ser más felices.
0 COMENTARIOS:
Publicar un comentario en la entrada