miércoles 10 de agosto de 2011

La Plaga


De día, cuando el sol parece haberse llevado mis males, junto con la niebla trémula que sondea estos lares, cuando el rocío refresca mi alma y mis dolencias se calman, cuando por fin puedo asomarme en la ventana y admirar con orgullo mis sembradíos, me doy cuenta de que esta plaga sigue allí, mordiendo sin cansancio mis aspiraciones.

Entonces se secan mis manos, antes felices de tocar todo sin culpa, enrojeciendo mis ojos y la visión se nubla, soñando días de paz y noches de sueño ininterrumpido. La verdad, es que esta humanidad me deja sin alivio, porque aunque mis vecinos son personas amables, respetables y colaboradoras, la piel jamás esconderá las esquirlas de la historia.

Hace poco me diagnosticaron una enfermedad incurable, una que con el tiempo me iría dando cuenta, impotente, de que de ella no soy responsable, al menos tomando en cuenta los miles de años de existencia de esta raza y mis cortos 20 marzos de vida. Me dijeron que ser homosexual es uno de los síntomas y que quizá, cuando la genérica sea como la arcilla, hallarían la cura a mis orgasmos.

Me puse a pensar, mientras los bichos devoraban mi verde horizonte, que entonces todos estamos enfermos. Y sin cura...

Los homosexuales están enfermos, por contrariar el sabio sistema reproductivo de penetrar una vagina con el pene y eyacular.

Los religosos están enfermos, por creer y predicar una religión cuya deidad no ha sido comprobada por la ciencia y que, según los efectos alienantes de las diversas culturas y "medios ambientes", puede generar varios tipos de alucinaciones.

Los socialistas están enfermos, por defender una idea utópica de igualdad y los capitalistas también lo están por no medir el crecimiento competitivo con tal de mover "la bolsa" sin cesar.

Los artistas están enfermos, especialmente los pintores. No hace falta que se los explique.

Los doctores que luchan contra la muerte, por oponerse al control natural de la población, también enfermaron.

Todos los gordos están mal porque son agentes potenciales de infartos e impotencia sexual, y los delgados no se salvan porque "yo no sé qué"...

La ciencia es otra enfermedad y la ropa cuesta tan caro como la medicina "anti-pudor".

Y así les puedo decir muchos casos más... lo cierto es que de este mal aún no se sabe si es hereditario, pero si es contagioso, todo el mundo es un portador potencial, al menos desde que aprendes a decir "papá o mamá" (Si ya lo has dicho, no caben dudas de que "el virus" te alcanzó").

Es así como cada mañana, desde que la plaga llegó a este tranquilo pueblo agricultor, me tiene ahogado en cientos de facturas sin pagar, zumbando al oído y encimando una nube negra de culpa que tapa el sol. Desde ese día, cuando el enfermo (el doctor) me dijo que tenía "un exceso de CO2"...

La vida se ha vuelto una especie de pesadilla, un sueño en el que apareces tumbado en la cama, conectado a aparatos con muchas luces titilantes y un suero que caducó en 1928. Ahora todo es una patología, comer es precario y socializar un suicidio o un atentado, depende de si saludas o si eres el receptor.

Así fue que le tomé cariño a las películas de muertos vivintes, aunque "los de aquí" no están tan feos. Al menos algo gracioso me logró una sonrisa esta mañana: Me encontré a unas cuantas cucarachas, las sobrevivientes de todos los tiempos, ahorcadas en el baño, quizá ya atormentadas de tanta humanidad.