
La sexualidad comprende una parte importante de nuestras vidas, es por eso que me he dispuesto a reflexionar acerca de ello, sin tabúes y sin miramientos. La idea es comprender cada arista del tema y ser más concientes del mundo y las personas que nos rodean, desarrollando un mayor sentido de la responsabilidad para con el prójimo y nosotros mismos, y mayores sentidos de compasión, entendimiento y cooperación. (A lo largo del artículo conseguirán palabras donde puedan hacer clic para comprender más su significado).
Para comenzar, tenemos que entender cómo se desarrolla el gusto sexual en las personas. De inmediato se nos viene a la cabeza la imagen o la idea de sus genitales, como una manera fácil e inequívoca de definir su rol sexual, sin embargo nuestro cuerpo no define nuestra sexualidad, sólo nuestras funciones. Principal y únicamente contamos con dos órganos sexuales, en los hombres se encuentra el pene y en las mujeres la vagina. Sin embargo, existe un caso en especial que representa un obstáculo a la hora de otorgarle “un sexo” al recién nacido: el hermafroditismo. Ser hermafrodita significa que tu cuerpo, independientemente si en general dicta que pareces un hombre o una mujer, también posee órganos sexuales contrarios a lo que aparentas, es decir, que un “hombre” de apariencia tenga vagina o que una “mujer” de apariencia tenga pene. También se dan los casos en que una persona tenga ovarios y testículos al mismo tiempo, o una vagina poco desarrollada y un pene normal o viceversa. ¿Pero qué te hace ser hombre o mujer entonces? ¿Qué debe considerar un médico o los padres a la hora de decidir si su recién nacido es niño o niña?
Existe un aspecto muy importante a la hora de definir el sexo de una persona, pero es un factor que muchas veces ignoraremos; se trata de entender o conocer cómo se siente la persona en cuestión consigo misma. ¿Considera esa persona que es mujer o es hombre? Todos nosotros, incluso mucho antes de haber nacido, entramos en contacto con el mundo exterior, teniendo en cuenta que “el mundo exterior” es todo aquello que no somos nosotros, todo aquello que no forma parte de la conciencia del “yo” (el ego). Precisamente ese “mundo exterior” está compuesto por un paisaje lleno de elementos con los cuales interactuar, ya sean seres vivos o seres inanimados, y un factor importante en la definición de nuestra sexualidad es la percepción de cada persona de cómo interactúa el mundo exterior con su mundo interior y consigo mismo.
La sociedad dicta muchos patrones de conducta que los niños podrán copiar a modo general, como por ejemplo, las ideas de que los niños nacen para estar con las niñas y viceversa, sin embargo no todo es así siempre. A veces, algunos elementos no humanos afectan en el desarrollo de la sexualidad propia, como la televisión y sus programas, los juguetes, entre otros; y es allí donde nos damos cuenta que no basta con decirle a un niño que es niño para que entienda lo que significa tal cosa, y si él es capaz de sentirse cómodo y generar un sentido del gusto por ello. Socialmente hablando, para que un infante se sienta perteneciente a un sexo, debe cumplir con varios requisitos: 1) ser tratado como niño o niña (dependiendo el caso), 2) tener las cualidades que se le reconocen a un niño o niña, de manera que el infante pueda dar fe por si mismo y para si mismo de que pertenece a X sexo, y 3) factores emocionales como la aceptación y el autoestima.
Pero, algunas experiencias pueden volcar la percepción de la sexualidad propia, como las experiencias traumáticas. De aquí partimos con la idea de que aquellas cosas que son prohibidas, rechazadas continuamente o traumantes pueden convertirse en una especie de morbo, que induzca a un individuo a buscar satisfacer su sexualidad de alguna forma distinta a la convencional, la cual es la heterosexualidad. Para comprender más este tema, entendamos que los heterosexuales son aquellas personas que sostienen relaciones sexuales con personas del sexo opuesto. Los homosexuales son aquellas personas que sostienen relaciones sexuales con otras del mismo sexo, y los bisexuales son aquellos que sostienen relaciones sexuales con personas de ambos sexos; por estas razones las personas están acostumbradas a tildar a la gente, individual o colectivamente, dependiendo de su preferencia sexual. No obstante, algunos psicólogos apoyan la idea de que la heterosexualidad y las demás definiciones, no son para tales fines, sino que se refieren a una referencia circunstancial, es decir, que nadie tiene una sexualidad definitiva, sino que se tomará en cuenta sus respuestas sexuales sircunstanciales para decir si en ese momento fue heterosexual o cualquiera de los otros dos términos.
También entra en juego las confusiones que sufren muchos adultos a la hora de cuidar niños. Tengamos en claro que los niños de muy corta edad, como los de meses o los de dos años, no comprenden asuntos complejos como los roles sexuales, por lo que si un bebé se pone los tacones de la madre no significa ello que el niño se esté inclinando a la feminidad. Debemos comprender que los niños repetirán patrones de conducta como una forma inconciente de buscar su identificación sexual y conductual, por lo que hay que considerar si la conducta es conciente y recurrente. En caso de que sea conciente y recurrente por parte de un infante, tenemos que pensar qué patrones de conducta hacen falta para que el niño, o la niña, repita y aprenda o qué lo está llevando a repetir tales cosas. También puede recurrirse a ayuda psicológica profesional en casos de confusión sexual en personas mayores o adolescentes.
Básicamente nos damos cuenta que la identificación sexual tiene mayor peso en la psique de un individuo que en su físico, aunque las hormonas actúen sobre la conducta y las inclinaciones de las personas. El nivel de hormonas en las personas puede ser comparado o más o menos estimado dependiendo de sus rasgos físicos, por lo cual una mujer con buena cantidad de estrógeno tendrá ojos grandes, boca pequeña y pronunciadas caderas, mientras que los hombres con suficiente testosterona tendrá facciones rudas, vellos y mayor facilidad de desarrollar los músculos. Pero cabe destacar de nuevo que el nivel de hormonas no es tan influyente como la estructura psicológica de las personas.
La sociedad influye ferozmente en este proceso de identificación sexual, por lo que cualquier daño moral o discriminación puede iniciar y acentuar un proceso de confusión sexual, razón por la cual me da risa que la gente sea homofóbica y discrimine tanto a las comunidades denominadas gay, pues debemos entender que nosotros como integrantes de una enorme masa de individuos que interactúan, somos responsables de lo que hay dentro de nuestra sociedad. Afortunadamente para muchos, y en especial aquellos casos de hermafroditismo, la ciencia ha avanzado hasta el punto de que pueden hacerse modificaciones del órgano sexual de una persona, por lo cual muchos han conseguido una solución al desconocimiento de su sexo físico, pues se identificaban con el sexo opuesto. A las personas que se operan para cambiar su órgano sexual se les ha denominado transexuales. Y un término importante de conocer es el travestismo, el cual se refiere a hombres que se visten con prendas femeninas o mujeres con prendas masculinas, es decir, que sus cuerpos no poseen características del sexo opuesto, pero estas personas se las adjudican de manera artificial. Esto último no quiere significar una inclinación sexual referente al género que intentan representar, pero en la mayoría de los casos así es tomado por la gente. Las personas pueden elegir vestirse del sexo opuesto como una cuestión de diversión, entretenimiento o profesión artística, a tiempo completo, parcial o únicamente profesional.
Los valores morales, la tolerancia y la educación parecen haberse perdido en gran parte actualmente, a lo que podría imputarse el hecho del crecimiento de las confusiones sexuales. De todas formas, independientemente de las preferencias sexuales de cada persona y de cómo se vista, todos tenemos el potencial de ser personas productivas que aporten progreso y desarrollo a la sociedad, y nuestra colaboración o discriminación determinará el futuro de millones de personas que están creciendo y definiendo su identificación sexual.
Para comenzar, tenemos que entender cómo se desarrolla el gusto sexual en las personas. De inmediato se nos viene a la cabeza la imagen o la idea de sus genitales, como una manera fácil e inequívoca de definir su rol sexual, sin embargo nuestro cuerpo no define nuestra sexualidad, sólo nuestras funciones. Principal y únicamente contamos con dos órganos sexuales, en los hombres se encuentra el pene y en las mujeres la vagina. Sin embargo, existe un caso en especial que representa un obstáculo a la hora de otorgarle “un sexo” al recién nacido: el hermafroditismo. Ser hermafrodita significa que tu cuerpo, independientemente si en general dicta que pareces un hombre o una mujer, también posee órganos sexuales contrarios a lo que aparentas, es decir, que un “hombre” de apariencia tenga vagina o que una “mujer” de apariencia tenga pene. También se dan los casos en que una persona tenga ovarios y testículos al mismo tiempo, o una vagina poco desarrollada y un pene normal o viceversa. ¿Pero qué te hace ser hombre o mujer entonces? ¿Qué debe considerar un médico o los padres a la hora de decidir si su recién nacido es niño o niña?
Existe un aspecto muy importante a la hora de definir el sexo de una persona, pero es un factor que muchas veces ignoraremos; se trata de entender o conocer cómo se siente la persona en cuestión consigo misma. ¿Considera esa persona que es mujer o es hombre? Todos nosotros, incluso mucho antes de haber nacido, entramos en contacto con el mundo exterior, teniendo en cuenta que “el mundo exterior” es todo aquello que no somos nosotros, todo aquello que no forma parte de la conciencia del “yo” (el ego). Precisamente ese “mundo exterior” está compuesto por un paisaje lleno de elementos con los cuales interactuar, ya sean seres vivos o seres inanimados, y un factor importante en la definición de nuestra sexualidad es la percepción de cada persona de cómo interactúa el mundo exterior con su mundo interior y consigo mismo.
La sociedad dicta muchos patrones de conducta que los niños podrán copiar a modo general, como por ejemplo, las ideas de que los niños nacen para estar con las niñas y viceversa, sin embargo no todo es así siempre. A veces, algunos elementos no humanos afectan en el desarrollo de la sexualidad propia, como la televisión y sus programas, los juguetes, entre otros; y es allí donde nos damos cuenta que no basta con decirle a un niño que es niño para que entienda lo que significa tal cosa, y si él es capaz de sentirse cómodo y generar un sentido del gusto por ello. Socialmente hablando, para que un infante se sienta perteneciente a un sexo, debe cumplir con varios requisitos: 1) ser tratado como niño o niña (dependiendo el caso), 2) tener las cualidades que se le reconocen a un niño o niña, de manera que el infante pueda dar fe por si mismo y para si mismo de que pertenece a X sexo, y 3) factores emocionales como la aceptación y el autoestima.
Pero, algunas experiencias pueden volcar la percepción de la sexualidad propia, como las experiencias traumáticas. De aquí partimos con la idea de que aquellas cosas que son prohibidas, rechazadas continuamente o traumantes pueden convertirse en una especie de morbo, que induzca a un individuo a buscar satisfacer su sexualidad de alguna forma distinta a la convencional, la cual es la heterosexualidad. Para comprender más este tema, entendamos que los heterosexuales son aquellas personas que sostienen relaciones sexuales con personas del sexo opuesto. Los homosexuales son aquellas personas que sostienen relaciones sexuales con otras del mismo sexo, y los bisexuales son aquellos que sostienen relaciones sexuales con personas de ambos sexos; por estas razones las personas están acostumbradas a tildar a la gente, individual o colectivamente, dependiendo de su preferencia sexual. No obstante, algunos psicólogos apoyan la idea de que la heterosexualidad y las demás definiciones, no son para tales fines, sino que se refieren a una referencia circunstancial, es decir, que nadie tiene una sexualidad definitiva, sino que se tomará en cuenta sus respuestas sexuales sircunstanciales para decir si en ese momento fue heterosexual o cualquiera de los otros dos términos.
También entra en juego las confusiones que sufren muchos adultos a la hora de cuidar niños. Tengamos en claro que los niños de muy corta edad, como los de meses o los de dos años, no comprenden asuntos complejos como los roles sexuales, por lo que si un bebé se pone los tacones de la madre no significa ello que el niño se esté inclinando a la feminidad. Debemos comprender que los niños repetirán patrones de conducta como una forma inconciente de buscar su identificación sexual y conductual, por lo que hay que considerar si la conducta es conciente y recurrente. En caso de que sea conciente y recurrente por parte de un infante, tenemos que pensar qué patrones de conducta hacen falta para que el niño, o la niña, repita y aprenda o qué lo está llevando a repetir tales cosas. También puede recurrirse a ayuda psicológica profesional en casos de confusión sexual en personas mayores o adolescentes.
Básicamente nos damos cuenta que la identificación sexual tiene mayor peso en la psique de un individuo que en su físico, aunque las hormonas actúen sobre la conducta y las inclinaciones de las personas. El nivel de hormonas en las personas puede ser comparado o más o menos estimado dependiendo de sus rasgos físicos, por lo cual una mujer con buena cantidad de estrógeno tendrá ojos grandes, boca pequeña y pronunciadas caderas, mientras que los hombres con suficiente testosterona tendrá facciones rudas, vellos y mayor facilidad de desarrollar los músculos. Pero cabe destacar de nuevo que el nivel de hormonas no es tan influyente como la estructura psicológica de las personas.
La sociedad influye ferozmente en este proceso de identificación sexual, por lo que cualquier daño moral o discriminación puede iniciar y acentuar un proceso de confusión sexual, razón por la cual me da risa que la gente sea homofóbica y discrimine tanto a las comunidades denominadas gay, pues debemos entender que nosotros como integrantes de una enorme masa de individuos que interactúan, somos responsables de lo que hay dentro de nuestra sociedad. Afortunadamente para muchos, y en especial aquellos casos de hermafroditismo, la ciencia ha avanzado hasta el punto de que pueden hacerse modificaciones del órgano sexual de una persona, por lo cual muchos han conseguido una solución al desconocimiento de su sexo físico, pues se identificaban con el sexo opuesto. A las personas que se operan para cambiar su órgano sexual se les ha denominado transexuales. Y un término importante de conocer es el travestismo, el cual se refiere a hombres que se visten con prendas femeninas o mujeres con prendas masculinas, es decir, que sus cuerpos no poseen características del sexo opuesto, pero estas personas se las adjudican de manera artificial. Esto último no quiere significar una inclinación sexual referente al género que intentan representar, pero en la mayoría de los casos así es tomado por la gente. Las personas pueden elegir vestirse del sexo opuesto como una cuestión de diversión, entretenimiento o profesión artística, a tiempo completo, parcial o únicamente profesional.
Los valores morales, la tolerancia y la educación parecen haberse perdido en gran parte actualmente, a lo que podría imputarse el hecho del crecimiento de las confusiones sexuales. De todas formas, independientemente de las preferencias sexuales de cada persona y de cómo se vista, todos tenemos el potencial de ser personas productivas que aporten progreso y desarrollo a la sociedad, y nuestra colaboración o discriminación determinará el futuro de millones de personas que están creciendo y definiendo su identificación sexual.

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